Antes de convertirse en una profesión estructurada, la publicidad surgió como una práctica social espontánea, ligada directamente al comercio y a la necesidad humana de hacer visibles productos, servicios e ideas. En sus primeras formas, no existían estrategias, agencias ni especialistas, pero sí la intención de llamar la atención dentro del espacio público.
La historia temprana de la publicidad no puede separarse del desarrollo de la escritura, de los soportes materiales para comunicar y de los primeros medios de difusión colectiva. Mucho antes de hablar de “industria publicitaria”, ya existían formas rudimentarias de anuncio que respondían a contextos económicos, culturales y tecnológicos específicos. Estos primeros pasos sentaron las bases de lo que, siglos después, se consolidaría como un campo profesional.

